sábado, 13 de agosto de 2016

Nuestra soledad

Volverás a mí pronto, cuando la luna asome de nuevo, y tus intensos ojos sientan la necesidad de perderse en los míos. Cuando tu siniestra sombra sea presagio de tu presencia, y tus labios sedientos, busquen mi cuello febril.
Hasta que has caricias ardan, hasta que la lengua implore, y tus ojos me quemen la piel. Quiero sentirte y que me sientas. Lento, arduo, frenético y sincero. Y cuando el último ramalazo de pasión se extinga dejando tras de sí una llanura inquieta, quiero que sigas llenándome con tus caricias, y que tu corazón resuene en el río de mi sangre. Implorantes, anhelantes, y unidos en un sinfín de terminaciones nerviosas que vibran y se expanden por el mundo de los sentidos. Con el suave sonido de tu voz en mi oído, con el tacto cálido de mi lengua en tus labios...
¿Aún no sabes lo que quiero?

Quiero ser quien caliente tus sueños y acune tu corazón en noches tormentosas, dándonos consuelo en horas de soledad. Nuestra insistente soledad... Hogar en penumbra, más acogedor incluso que el más sublime paraíso.